sábado, 7 de mayo de 2016

Tribunales de New Hampshire (EEUU) - 14 de mayo de 1985




Clarise V., ciega de nacimiento, denuncia que es violada de manera sistemática; que su violador ingresa en silencio; y que solo puede reconocer el hedor salvaje, injusto de su sudor.
El Juez Mark H. Soutfler se acerca a la niña, casi hasta rozarla, y le explica, como quien hace docencia:
─Es imposible hacer un identikit de un olor, señorita. El recuerdo de un tufillo no es evidencia. La justicia no le da a todos los sentidos el mismo status. En el siglo de la imagen, lo que no se ve no existe; y lo que no existe no es pasible de castigo. No puedo enviar a la cárcel a un hombre porque su olfato lo incrimine. Lo lamento.
Una arcada de asco nace desde el centro de su estomago y se acumula flemosa en su boca. Clarise V. reconoce otra vez la injusticia. Para completar la escena, solo resta escupir en donde se supone brillan, lustrosos, sus zapatos. 







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