Clarise V., ciega de nacimiento, denuncia
que es violada de manera sistemática; que su violador ingresa en silencio; y
que solo puede reconocer el hedor salvaje, injusto de su sudor.
El Juez Mark H. Soutfler se acerca a la
niña, casi hasta rozarla, y le explica, como quien hace docencia:
─Es
imposible hacer un identikit de un olor, señorita. El recuerdo de un tufillo no
es evidencia. La justicia no le da a todos los sentidos el mismo status. En el
siglo de la imagen, lo que no se ve no existe; y lo que no existe no es pasible
de castigo. No puedo enviar a la cárcel a un hombre porque su olfato lo
incrimine. Lo lamento.
Una arcada de asco nace desde el centro de
su estomago y se acumula flemosa en su boca. Clarise V. reconoce otra vez la
injusticia. Para completar la escena, solo resta escupir en donde se supone brillan,
lustrosos, sus zapatos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario