A las siete y media escuchó el timbre. Entredormido y dormido me asomo por la ventana. Es el Coyote Alvarez.
-¿Qué pasa?-le digo.
-La bruma me iluminó-dice. Te dejo una frase para pensar. Para que le incorpores a tus escritos.
Miro la hora y sin ganas, con un movimiento de cabeza, le digo:
-Bueno, dale.
-Anotá-me dice y hace una pausa-. La codicia nace del miedo. Eso solo. Nada más. Pénsalo.


