lunes, 18 de julio de 2016

RENE



Encontró un piojo en su cabeza. Y dos pianos. Marcó el acorde del fa menor y la tarjeta de ingreso. El trabajo la clasifica y la llena, todos los días, de piojos y de puchero recalentado.

Pero la noche sucedió un día, como todas las noches, junto al canto de los perros y los ladridos de los grillos. René cruzó corriendo la avenida plagada de autos que bocineaban su nombre , en busca de una partera.

El ser humano ha perdido el instinto. Ya no entiende  el batir de la naturaleza ni la importancia de comer su propia placenta. En su bolsito al crochet lleva el manual que recibió en el curso de preparto. René ha perdido el instinto en la última partida de ajedrez.

¡El ser humano razona! Esa es la gran mentira metida dentro de su cabeza, debajo de los pianos, entre los piojos.

A pesar de los géneros, René, el nombre del hombre.

René ha vuelto a trabajar.

René no razona.

No. No.


René solo ha aprendido el arte de comerciar.




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